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Estoy viendo bultos y venas en mi cuerpo que nunca antes vi

Todo empezó una fría mañana de enero, los copos de nieve competían en carreras de velocidad por las ráfagas de viento producidas por la máquina quitanieves… Bueno, quizás no porque todo esto ocurre en Sevilla, pero sí que fue en enero. Esa mañana un amigo de la facultad me propuso ir juntos en el siguiente cuatrimestre a un gimnasio de la capital en pos de aprovechar las horas muertas de mediodía que un vil horario de clases nos obligaba a pasar en la ciudad hispalense. Yo, como buen amante (pasivo desde hacía años) del deporte acepté de muy buen grado. A mi amigo lo llamo Gofre, yo soy Juan María, y ésta es mi transformación.

Esta incursión en el apasionante mundo del fitness obviamente surgía de aprovechar el tiempo, pero tenía un objetivo claro: sentirme mejor con mi propio cuerpo. Y no porque estuviera mal, sino porque quería correr a coger el autobús sin estar jadeando todo el camino de vuelta a Los Palacios (muy buen tomate por cierto). Con este texto, de calidad muy discutible, vengo a dejar claro que mi única meta era y es sentirme mejor con y en este cuerpo que la genética y algunos factores sociales me han proporcionado.

El proceso empezó a principios de febrero del año pasado y además de hacer cinta, spinning (con señoras mayores), natación, tenis, pádel y yo qué sé qué más, comencé a variar mi dieta con respecto a cantidad y calidad, siempre con la máxima de no pasar hambre. Vamos hombre, a estas alturas, pasar hambre, ¿a dónde vamos a llegar? ¡¿Qué diantres estamos pensando?! ¡¿¡Por qué el congelador del frigorífico no tiene luz propia!?! Muchas incógnitas sin respuestas…

Por si fuera poco, en esta época también comencé una nueva relación con alguien que siempre había estado ahí para mí pero que nunca había sabido apreciar: la báscula de la farmacia. El 25 de febrero de 2016 la visité, las dos estábamos muy nerviosas, era mi primera vez… Yo lo estaba tanto que se me olvidó erguirme completamente y me salió una altura menor a la real. Después de montarme en sus pies como si de un baile de principiantes se tratara, empezó a darme unos caracteres fascinantes. Eran números y marcaban un 111’2.

A partir de ese día, obtuve la rutina de pesarme cada dos semanas, y aquí estamos, un año después. Hoy es 25 de febrero de 2017. He aquí los numeritos, he aquí mi transformación:

Foto comparativa: Peso y composición corporal. Un año de diferencia.

Exacto, aquí estamos, 26 kilos después. La diferencia de pesos en papel es bastante significante, en mi cuerpo es bastante notable, y en cómo me siento es tela de basta (no dejemos de lado la jerga palaciega, por favor). Sin duda alguna, ahora mismo es el momento en el que más fuerte, ágil, rápido, elástico y preciso me he sentido en toda mi vida.

Por motivos estudiantiles tuve que dejar el gimnasio de la Liga Profesional de Spinning de Señoras Mayores, pero en verano volví a la adicción (siempre con una dieta equilibrada): empecé a jugar a rugby y me apunté a crossfit, concretamente a Box300, un lugar fantástico, maravilloso y con precios súper competitivos que además paga muy bien a quien escribe en su blog. O no.

Estos son los 26kg perdidos. Ahora están fuera, y además los levanto fácilmente. Perdón por mi pelo 😉

Sin duda esta travesía ha sido dura, pero también satisfactoria. Creo que, además del apoyo recibido por mis círculos cercanos e inspirarme en Chuck Norris, ha sido de mucha utilidad el no buscar un objetivo específico, como el de pesar X kilos, pero sí optar por algo más general y sano como puede ser sentirse mejor con una misma. Y el resto da igual. Diariamente nos avasallan con expectativas de tener cuerpos normativos y tener que lucir bien de puertas para fuera. Esta presión es tremendamente tóxica y difícil de extirpar, por eso creo que es más sano intentar estar cómoda en nuestro interior que rendir cuentas al exterior, aunque obviamente sea dificilísimo. Si te sientes mejor comiéndote caja y media de Panteras Rosas pues allá tú; ole tú y tus genitales. Lucha por lo que quieres. Nadie es peor que nadie. La belleza se encuentra en todo cuerpo.
En este momento opino que todo ha merecido la pena por cómo me siento. Por ello, me gustaría que este texto se usara como trampolín por alguien que tenga dudas sobre si se puede o no. Claro que se puede. Sin duda alguna. Pasito a pasito se llega. Y si alguien que hace comedia sobre tener una relación con una báscula puede, ¿por qué tú no? Sí, sí y sí.
Me estoy poniendo un poco Coelhista pero esta sensación es harto complicada de describir. Es increíble cuando ves todo tu progreso y cómo cada gota de sudor ha merecido la puñetera pena. Cuando tú eres tu propio ejemplo a seguir. Cuando un golpe de la vida lo aprovechas como energía cinética para seguir en movimiento. Cuando ves bultos y venas en tu cuerpo que nunca antes habías visto. Cuanto te auto-inspiras confianza, fuerza y ánimo a raudales. Cuando alguien te intenta poner algún tipo de límites y tu respuesta es un ‘NO’, así, en mayúsculas y en negrita.
Mi último consejo (como si éste que escribe fuera alguien) es la necesidad de buscar un círculo sano de personas que siempre estén ahí. Es por eso que me gustaría finalizar dando las gracias a: mis amigues y familia, a Gofre, a la pésima organización de la Universidad de Sevilla, a los coaches de Box300, a Gregorio Esteban Sánchez Fernández, a las señoras mayores tomando el fresquito que nos animan cuando corremos, a Álvaro Ojeda, a Nikola Tesla, a la goma azul de dominadas… Pero sobre todo tengo que agradecer a la única persona que siempre ha estado ahí sin fallar ningún día: Juan María. Sin ti, nada de esto hubiera sido posible y el mérito es 100% tuyo.
Fuerza, ánimo y empatía.
Juan María Carvajal


Sobre el Autor

Miguel Ángel Caballero López

Ex-coach de Box300. Actual asesor. Apasionado del sudor. Maestro de inglés.

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